lunes, 29 de junio de 2020

Experiencias culturales online.

Conferencia "Más juego, más movimiento: Más infancia" de Francesco Tonucci.

Francesco Tonucci dice que "juego", "movimiento" e "infancia" son sinónimos. 
Tonucci hace referencia a que la ciudad debería ser justa, democrática y adecuada para todos, por lo cual debería serlo también para los niños y niñas, por lo tanto debería ser adecuada para jugar.
¿Qué pasa cuando jugar no es tan simple? Según el pedagogo, los niños y niñas dedican gran parte de su día a la escuela y a las tareas que la misma le deja, ¿y el resto? a las pantallas. ¿Será que jugar no es tan simple?
El juego es sumamente importante en la vida y en el desarrollo de los niños y niñas, es necesario, lo necesitan: los niños y niñas, a diferencia de los adultos, juegan para jugar. 
Tonucci hace referencia a una curva en la cual muestra que en la formación o educación de las personas, en su formación, parece que cada nivel por el que transitamos nos prepara para el siguiente, y que los niveles más "bajos" tienden a tener menor valor. Esto le quita entidad y peso al Nivel Inicial, el cual es clave para los niños y niñas. Sin embargo él no comparte, no está de acuerdo con dicha curva. Él nos muestra otra en la cual se evidencia a que las etapas primeras son las más importantes en la vida de las personas. Los primeros años son claves en la vida de las personas y el juego es lo que pone los cimientos en estos años, el juego es la base de nuestra vida.
En la escuela, el juego está manipulado para poder llevar a cabo diversos objetivos, se eligen los materiales, se proponen actividades, y el niño o niña no elige. El juego no se debería evaluar o simplemente no alcanzaría un diez para evaluarlo.
 Tonucci considera el juego como patrimonio de la infancia y pide o propone una escuela interesante, atractiva, que ayude a los niños y niñas a desarrollar lo que les interese, brindarle posibilidades para ser el mejor en lo que más le guste.
A lo largo de la conferencia me resultó imposible no emocionarme, no coincidir con él. ¿Qué es la infancia sin juego? ¿Por qué la escuela a veces se olvida de la importancia de jugar? Jugar es lo primordial, es la base de quienes somos y de quiénes seremos. El juego nos acompaña al crecer o, mejor dicho, nos hace crecer. El juego es juego, el juego es todo. El juego es infancia, y la infancia no es infancia sin juego.
"Creo que jugar es como recortar un trozo de mundo, ofrecerlo a alguien, a un compañero de juego, y jugarlo juntos." 

Recorrido virtual por la casa de Frida Kahlo.
Últimamente me siento muy enojada con la tecnología debido a que me está resultando muy complejo poder estar al día con mis deberes y siento que me excluye más de lo que me conecta. Sin embargo, dentro de tanta frustración pude recorrer una casa que de otra forma no hubiera conocido, la casa ni más ni menos que de Friza Kahlo. En este aspecto entiendo que la tecnología abre puertas, y nunca fue tan literal.
El hecho de poder acceder a lugares lejanos e impensados a través de una pantalla, es algo que nunca me entró en la cabeza. Siento que los avances tecnológicos pueden ampliar el universo de la escuela y llevarnos a lugares increíbles, desde una casa, una jungla o el espacio.
Considero que como docentes en formación tenemos que saber aprovechar estas herramientas para enriquecer nuestras prácticas, ampliar el horizonte del juego y del aprendizaje, brindando así experiencias únicas y de calidad.

sábado, 11 de abril de 2020

Un relato acerca de mi autobiografía.


Cuando tengo que relatar una experiencia del profesorado que me haya marcado me resulta inevitable pensar en los profesores y profesoras que dejaron huellas en mí, que me motivaron a seguir aprendiendo y que me acompañaron en este camino de aprendizaje y conocimiento.
Recuerdo uno de mis primeros cuatrimestres, cursando Prácticas del Lenguaje 1 con la profesora Gandolfi y acompañada por una amiga que conocí en aquel entonces y hoy en día es muy importante en mi vida, Lien.
La profesora nos dio una consiga “pequeña”, debíamos preparar una clase abierta sobre un tema en particular, nosotras elegimos “Nanas y narraciones”. Podíamos hacer lo mismo de siempre, preparar un PowerPoint, hablar frente al grupo de compañeras y hacer lo políticamente correcto, pero decidimos hacer algo diferente.
Gandolfi nos dio mucha libertad a la hora de planificar y decidimos generar un encuentro distinto. Invitamos a nuestras compañeras a sentarse sobre telas en el suelo, en ronda. Nostras nos sentamos con ellas, yo con mi guitarra encima. Les brindamos la posibilidad de tener en brazos un muñeco a cada una, se los dimos en la mano con mucho cariño y dejamos que todo fluyera. Comencé a tocar los acordes y a cantar. De un momento a otro el clima cambió, se generó un silencio cálido, una escucha atenta y suavemente esos brazos que recibieron a los muñecos comenzaron a mecerse, los bebés empezaron a ocupar un rol activo en la propuesta y paulatinamente, mis compañeras empezaron a cantar o tararear conmigo. Las nanas salieron de nuestras entrañas y se entonaron casi sin permiso. Al terminar de cantar sentí cómo las emociones afloraban. Hubo silencio.
Después de algunos minutos, mi amiga Lien comenzó a narrar “Monigote en la arena” de Laura Devetach. Nos sumergimos en la literatura, en su voz expresiva y simplemente la escuchamos narrar. Nos invitó a formar parte de la historia de forma implícita. Luego de un momento de mucho disfrute, Lien terminó de narrar y, de repente, el silencio estuvo acompañado por miradas brillantes, la emoción desbordaba nuestros ojos. Con Lien nos miramos y ambas nos encontramos sonrisas en el rostro. Buscamos la mirada cómplice de nuestra profesora y al observarla nos dimos cuenta de que ella también estaba emocionada.
Esta experiencia fue muy significativa para ambas. La habíamos planificado juntas, le destinamos tiempo, la probamos en nuestras casas y pensamos cómo podíamos enriquecerla para que fuera única. No sólo cumplió nuestras expectativas, sino que las superó. Lo que iba a ser una clase expositiva, fue un encuentro sumamente satisfactorio. Esa clase fue un antes y un después. El contexto se prestó para que todo fluyera, nuestra profesora nos dio el lugar para desplegar nuestras alas y nos brindó la posibilidad de volar. Nos sentimos sumamente cómodas con nuestras compañeras, quienes se mostraron predispuestas a participar y a poner el cuerpo en acción; y nosotras nos brindamos por completo, nos mostramos vulnerables, estábamos nerviosas, con miedos, pero todas esas emociones pasaron a segundo plano al empezar la actividad.
A partir de ese entonces comprendí la importancia de planificar, de poner el cuerpo, de brindarse y de invitar a las personas que formen parte del encuentro a participar. Que uno puede ser protagonista desde la escucha, a veces se puede tener participaciones activas sin necesidad que tomar la palabra, y cuando una disfruta de la experiencia, esa emoción se transmite.